viernes, 20 de enero de 2012

Introducción

El primero en hablar de arquetipos en psicología fue C.G.Jung, quien lo definía como patrones de existencia o esquemas básicos de conducta internos-innatos y latentes-, que se hallan arraigados en el inconsciente colectivo. Siguiendo a Jung, la doctora Shinoda desarrollo una topología psicológica femenina y masculina basada en la mitología griega, ya que esta narra las historias arquetípicas y evoca sentimientos e imágenes que integran la herencia humana. Diosas y dioses son, por tanto, fuerzas poderosas invisibles que modelan la conducta e influyen en las emociones y que también interactúan, afectando a cada hombre y mujer individualmente. Conocerlos es una enorme fuente de poder personal, puesto que los arquetipos son potenciales partes de nosotros mismos que podemos desarrollar para crecer y vivir de acuerdo con lo que realmente somos y queremos, experimentando axial la dimensión sagrada de nuestras vidas. El objetivo es que la persona adquiera la capacidad de utilizar la entidad mas adecuada en cada situación y conseguir armonizar a los dioses y/o diosas, que no son más que partes de uno mismo. Además de descubrir nuestro mito personal, hemos de activar otros y sintonizarlos, pues entre todos nos ayudaran a crecer y a enfrentar los avatares de nuestra existencia. axial, a través de las deidades y mitos, el ser humano dirige los arquetipos, y no al revés.


Por circunstancias culturales, familiares y personales, todos presentamos algunos arquetipos activos, mientras otros permanecen dormidos. En los sucesivos despertares influyen sobre las distintas etapas por las que pasa el ser humano en su desarrollo. Por ejemplo, una mujer en su adolescencia puede ser una Persefone, la doncella sin metas claras, conectada con sus sentidos y a la espera de algo o de alguien capaz de arrebatarla, y cuando sienta su sexualidad y empiece a tener relaciones con distintos chicos surja en ella la bella Afrodita, que le da la capacidad de enamorarse. Si en una de esas relaciones encuentra al hombre de su vida, aparecerá tal vez Hera hablándole de compromiso y haciéndole soñar con una boda. Hera será quien le permitirá ser fiel al hombre elegido. En el instante en que empiece a sentir la necesidad de crear nueva vida, será Demeter la que este sugiriendo la idea de quedarse embarazada. Al tiempo, tal vez se exprese Atenea para ayudarle a sacar adelante su trabajo y poder llegar axial a fin de mes. Y si sufre una infidelidad y decide divorciarse, invocara a Artemisa, convirtiéndose en solidaria con las mujeres, independiente, que sabe marcarse objetivos y conseguirlos. Quizás al final de su vida y tras la experiencia vivida, pueda convertirse en una Hestia, la anciana sabia y espiritual que busca la soledad para conectar con ella misma.


De la misma manera, un chico puede identificarse con Hermes en su juventud; entonces, fascinado por los viajes, recorrerá el mundo con su mochila a cuestas tratando de conquistar a todas las mujeres que encuentre en su camino, como un Júpiter. Cuando se enamore y surja el deseo de un compromiso afectivo invocara a Dionisos, el dios de la sensualidad y el erotismo, que es capaz de comprometerse con la mujer que ama para serle fiel, mientras que Apolo le instara a encontrar un trabajo estable. Para formar una familia o ascender profesionalmente, Zeus-Júpiter constituye también una imagen valiosa. Cuando padezca una enfermedad o una depresión hará un viaje al submundo con Hades, el guía del inconsciente. Y si advierte la injusticia o la violencia contra las personas que ama, podrá aparecer el pasional Poseidón, dios de las emociones que lleno de ira arremeterá contra los culpables. Si encuentra el bricolaje o la jardinería como un medio de relajarse Hefestos estará en sus pensamientos. Para enfrentarse a un grave problema surgirá Ares el guerrero, que le dará la capacidad de luchar contra viento y marea.


En todo caso, se trata de hacerse consciente de este proceso que pasa inadvertido. De este modo se establece el control y se alcanza la gobernabilidad de la propia vida. Lo más importante, opina la doctora Shinoda, es que cada uno descubra su propio mito, pues este le llevara a ser y hacer aquello para lo que ha nacido. Una vez descubierto ese esquema básico de existencia en el cual la persona se identifica, es importante potenciarlo. Aunque haya un dios con el cual se identifique más, también existen todos los demás, asociados a otras partes del yo. Por eso es necesario armonizarlos todos. La toma de conciencia y el desarrollo de estos arquetipos internos que son las diosas y dioses, axial como su armonización, conducen tanto a la mujer como al hombre a la plenitud psíquica, pues habrá logrado integrar a sus deidades interiores con todos sus rasgos. Cada ser humano es un ser completo, como una bola facetada de cristales que contiene todas las deidades.

 

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